¿Qué sigue para México tras la legalización de la marihuana?

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Graciela Elizalde tenía ocho años cuando todo México supo de sus 400 convulsiones diarias. Sus padres habían intentado decenas de tratamientos médicos, sin éxito y en esos momentos, 2015, intentaban importar cannabidiol (CBC), un aceite derivado de la mariguana, que no tiene efectos psicoactivos y que –según habían leído– podía reducir los efectos de los espasmos que sufría Grace.

Un juez los amparó y Grace se convirtió en la primera niña mexicana a la que se le privilegió su derecho a una vida sana con el uso de una sustancia que irónicamente era ilegal en el país. Sus mejoras han sido bastas, pero lo interesante es el debate que su caso despertó en toda una nación: ¿Es necesaria la legalización de esta planta?

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Grace vivió los avances en su salud a la par de México, quien tuvo en ese mismo periodo su proceso de legalización de la mariguana para uso medicinal. Dos años después la pequeña ha reducido en un 90% las convulsiones, en tanto que en el Diario Oficial de la Federación se publicó el decreto que obligaba a la Secretaría de Salud Federal a reglamentar el uso de la sustancia con fines medicinales y terapéuticos, en sólo 180 días. Y el tiempo ya está corriendo.

México está en los ojos del mundo porque es de los pocos países que han eliminado la prohibición y penalización por el uso medicinal de la marihuana y la investigación científica, pero no tiene políticas públicas que regulen el uso, tampoco el consumo.

El reloj está contando y el país tendrá que dejar claro quién puede cosechar el “vegetal prohibido” en su propia casa, en qué cantidad y qué autoridad vigilará la cosecha. Así como explicarnos cómo se decidirá quién puede y quién no, cosechar, y respondernos ¿cómo es que definirá la autoridad que la siembra, cultivo o cosecha de plantas de marihuana se llevan a cabo con fines médicos o científicos?

En Uruguay –el país latinoamericano más avanzado en la legalización de la mariguana (tiene aprobado, incluso, el uso recreativo desde 2013), por ejemplo, toda la producción es meramente controlada por el Estado, entonces las ganancias van directamente a los recursos públicos que, a su vez, se transforman en beneficios para la sociedad, ya sea infraestructura, servicios asistenciales, transporte público, etc. El gobierno uruguayo cerró las posibilidades de lucrar con este nuevo derecho, también le obstruyó las puertas al crimen organizado absorbiendo el control de la producción.

En México, según lo que se estipuló la ley, el gobierno parece no querer entrar directamente en el tema. La Secretaría de Salud tiene dos opciones claras, aunque no ha señalado qué camino quiere tomar: asumir de mano propia la producción, comercialización y distribución de los derivados de la mariguana que traigan beneficios para la salud y que pueda, incluso, ofrecer a los beneficiarios del sistema público de salud gratuitamente; o bien, dejarlo todo en manos de las farmacéuticas, con precios más altos, y que necesitarán una nueva reglamentación para estipular el ingreso de estos productos al mercado mexicano, algo que probablemente lleve más de los seis meses que otorgó el decreto.

En el aire vuela también el tema del crimen organizado que, seguramente, ve una salida en esta medida que, de no reglamentarse debidamente, podría justificarles la cosecha de la planta para fines ajenos a la ciencia.

Y lejos de las cuestiones técnicas que marca el decreto, habría que centrarnos en la cultura del mexicano. ¿Estamos listos para dar este gran paso como sociedad? La mariguana como droga tiene un estigma enorme en la cultura nacional, su uso ­–bajo cualquier finalidad­– se relaciona con delincuencia, tiene sí o sí tintes negativos. Si en un hospital nos encontramos con negligencia y discriminación en temas delicadísimos, ¿cómo se educarán a los médicos sobre los beneficios de la mariguana?

Las y los Grace de este país ya viven día a día situaciones complicadas como para todavía tenerse que enfrentar a la burocracia del sistema de salud. Aquí está también la prueba de oro que tiene que vencer la Secretaría de Salud: evitar que cada Grace de este país tenga que vivir un proceso legal larguísimo para vivir una vida sana.