Es momento de hablar con los niños sobre equidad de género

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Si las primeras feministas de la historia pudieran viajar al futuro y mirar todos los derechos que se han conseguido hasta el día de hoy, podrían sentirse satisfechas. Las mujeres hoy en día ocupan cargos y tienen oportunidades que ni siquiera se habrían podido imaginar en el pasado. Sabemos que aún hay una brecha amplia por recorrer y que, quizá, el resultado real de la lucha feminista se vea reflejado cuando deje de ser noticia el género de la personas en cualquier ámbito de la vida.

En ese camino por la equidad se ha puesto la mirada en el género femenino y se ve a las mujeres planeando el futuro que se imaginan sin que su género sea un impedimento, sin embargo, hay un área que si bien, no está abandonada, sí nos requiere el doble de esfuerzo: educar a niños y niñas con las mismas oportunidades, sin importar el sexo.

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Este planteamiento lo desarrollo Claire Cain Miller en un artículo del New York Times; en él asegura que hoy a las hijas se les educa para ser lo que quieran, toscas o delicadas, pero que no se hace lo mismo con los hijos.

Y es cierto, en esta búsqueda por a equidad de género nos estamos olvidando de que los niños aún crecen en un mundo sexista en el que se les juzga si se interesan en esos roles asociados históricamente con lo femenino. Hoy son las niñas quienes tienen más libertad en elegir su comportamiento, sus gustos, sus acciones, mientras que los hombres más pequeños aún tienen que lidiar con ideas sociales que los limitan en su sentir, actuar y, sobre todo, en cómo imaginan un futuro.

Cain Miller aboga en su texto por el progreso y nos incita a darle más opciones a los niños, quienes deben también tener la opción de inmiscuirse en asuntos erróneamente designados sólo para las mujeres.

Ella entrevistó a diversos especialistas para ayudarnos a educar a nuestros hijos y para entender que el feminismo va de equidad, no de beneficios exclusivos del género femenino. Así que toma nota y veamos el camino que tenemos que trazar para tener un mundo con un piso parejo, en el que podamos aspirar a que el género deje de importar.

Uno de los puntos más importantes es dejarlos mostrar sus sentimientos, a ser humanos y sensibilizarse ante cualquier situación que tengan enfrente. Después, está el rodearlos de modelos positivos que le sirvan de ejemplo a seguir y, dentro de eso, dejarlo ser quien quiere ser: no asignarle un color, no elegir sus juguetes según su género, no orillarlo a tomar decisiones escolares –que puedan repercutir en sus decisiones profesionales– masculinas… déjalo que desarrolle su potencial, lejos de lo tradicional.

También está el hacerlo independiente, al igual que las niñas tienen que aprender la importancia de las responsabilidades del hogar, desarrollar habilidades para hacer quehaceres, cocinar, limpiar, entre otras cosas.

Enséñale que “no es no”, también la importancia de respetar la individualidad de otras personas y que tienen que preguntar antes de tocar el cuerpo de otro, desde que sean muy pequeños. Parte de esto es predicar con el ejemplo, algo que también aplica para esos casos en los que hay que alzar la voz ante casos de acoso o burlas, si te observan pronunciarte al respecto, seguirán tu ejemplo.

Evita usar la palabra “niña” como insulto, así como las bromas sexistas. Tenemos tan procesadas las connotaciones negativas para ciertas palabras que acostumbramos a utilizarlas mal, colaborando al sexismo y a que se refuercen los estereotipos de género.