La prueba de que los príncipes de Disney tampoco eran perfectos

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¿Cómo es el hombre ideal? Algunas dirán rubio, otras moreno, algunas delgado y otras con músculos de acero, pero lo que seguramente todas pensamos en común es en un hombre fuerte, valiente, guapo, elegante, sensible, romántico, divertido, y sobre todo, dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de mantenernos felices. Si lo piensas bien, este hombre que acabamos de imaginar tiene un perfil muy similar a cualquiera de los príncipes de Disney, sin importar cuál de ellos.

Tal vez hayan sido todos esos cuentos de hadas con los que crecimos los culpables de nuestra pequeña obsesión por encontrar al soñado (¿e inexistente?) príncipe azul, porque así como nosotras no somos perfectas, ellos tampoco lo son, pero son justo esas pequeñas debilidades las que hacen interesante la relación y la convierten en una verdadera historia de amor por la que luchar.

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A pesar de que Disney se encargara de hacernos creer que estos seres divinos y ultra masculinos que lograron conquistar a las princesas más bellas de los cuentos de hadas, no hace falta más que analizar un poco las historias para darnos cuenta que ni siquiera ellos eran perfectos, aquí van unos ejemplos:

  • El Príncipe Encantador de Cenicienta, no fue en persona a buscar a aquella bella mujer que le robó el corazón en el baile, sino que mandó a sus sirvientes a que lo hicieran.
  • Tal vez el Príncipe Felipe de la Bella Durmiente parezca perfecto en la versión clásica de Disney, pero en la más reciente versión de Maléfica, nos damos cuenta que el “verdadero amor” no se encuentra en cuestión de minutos.
  • El Príncipe Eric de la Sirenita no la reconoció cuando ella perdió su voz a cambio de poder verlo por última vez.
  • Tal vez no era un príncipe, pero Aladdin, se mostró egoista al tratar de conquistar a la Princesa Jasmine con engaños.
  • El Príncipe Adam, o sea La Bestia, en La Bella y la Bestia hizo de todo para merecer ese castigo que lo hizo convertirse en una bestia. Según el cuento, él era un príncipe egoista, déspota y consentido.
  • John Smith de Pocahontas no volvió a América como había prometido, se quedó en Londres.

Podríamos seguir analizando a todos y cada uno de estos personajes, pero al final de cuentas solo nos daríamos cuenta que ni siquiera los príncipes más encantadores son perfectos. ¿De qué nos sirve saberlo? Solo como un pequeño recordatorio de que nadie es perfecto, pero esa no es razón suficiente para resignarte, más bien es una razón más para luchar por el amor verdadero.