Cuna del arte: París en los años 20

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Los maravillosos veinte en la Ciudad de la Luz, destacó por ser un hervidero de nuevos artistas y movimientos artísticos, las vanguardias vivían su época moza con jóvenes prometedores como Picasso, Modigliani, Man Ray, Matisse, Miró, quienes apostaban por una técnica y estilo nuevo que rompía la tradición. Liberados de la opresión con la culminación de la Primera Guerra Mundial muchos estadounidenses se dejaron seducir por la vieja Europa, donde lejos de la prohibición, se mezclaron en un ambiente bohemio lleno de arte y cultura.

La casa de Gertrude Stein, se convirtió en el centro de reunión de los mejores artistas del momento, ella como amante del arte, coleccionó y promovió a artistas como Picasso, Matisse y Braque. Una tarde en la casa de Stein, consistía en valorar el nuevo arte, tener platicas entre escritores y artistas como Hemingway, Ezra Pound, F. Scott Fitzgerald, ¿te puedes imaginar las charlas que se llevaron en ese salón y de los temas tan interesantes que se debatían?

Casa de Gertrude Stein
Casa de Gertrude Stein
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En los cafés Le Dome y La Coupole se reunían con frecuencia escritores y poetas, la crema de la intelectualidad, extranjeros y locales convivían en un ambiente relajado, platicando y tomando un delicioso café, al mismo tiempo, Marcel Proust ensayista y crítico francés, acudía al famoso y lujoso Hotel Ritz a observar la alta sociedad parisina, para inspirarse en nuevos personajes e historias.

Le Dome Café
Le Dome Café

 

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En este periodo los surrealistas surgen como un movimiento sin precedente, en su ciudad preferida París, en la que fundan la revista “Literatura”, la cual daría nacimiento a este movimiento.

Competición de charlestón
Competición de charlestón en Saint Louis

No podemos dejar de mencionar a Montmartre, el lugar preferido de los artistas, en el que podemos encontrar galerías, exposiciones y escuelas de arte.

Sin lugar a dudas París fue la ciudad predilecta para artistas, poetas, escritores, atraídos por una hermosa y misteriosa ciudad.

“París no se acaba nunca y el recuerdo de cada persona que ha vivido allí es distinto del de cualquier otra. Siempre hemos vuelto, estuviéramos donde estuviéramos, y sin importarnos lo trabajoso o lo fácil que fuera llegar allí. París siempre valía la pena y uno recibía siempre algo a trueque de lo que allí dejaba.”