Woke Up Like This: esta fue mi vista desde el piso 8 de The Hoxton en Williamsburg

La vista de Manhattan que puede tener desde el piso 8 de The Hoxton

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The Hoxton NYc
Cortesía
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Es un edificio gris y tosco, que no es muy alto, pero es el más alto de la calle. Lo primero que te recibe es un tapete que dice “nice shoes”, ya desde ahí te sientes bienvenido. Entonces bajas unas escaleras para entrar en una sala en la que todo está perfectamente acomodado, y junto hay un restaurante y un bar. Podrías pensar que te perdiste y este no es el hotel que buscabas, pero sí es. Solo que no con el típico lobby, pues este tiene onda.
La atmósfera es un poco industrial, como todos los hoteles The Hoxton y el de Williamsburg, Brooklyn, que abrió a finales del año pasado, no se podía quedar atrás. El edificio está instalado en lo que era la antigua fábrica de tanques de agua Rosenwach (esos que tan bien definen el skyline de Nueva York), y apegándose a la historia de esta compañía que empezó cuando convirtieron un estacionamiento abandonado en Shoreditch, Londres, en su primer hotel.
The Hoxton Williamsburg
El hotel está en la calle Wythe, una de las más transitadas de Williamsburg. 
Aun así, el enfoque en diseño es fuerte; el interiorismo y la decoración están muy bien cuidados, prácticamente en una paleta pastel en la que predominan el rosa, el beige, el azul y el verde, y con toques de color que vienen de adornos, cuadros o del mobiliario.
La decoración en el lobby es moderna y cada detalle está muy bien cuidado.
Sus 175 cuartos pueden ser Roomy o Cosy. Yo me quedé en uno de estos, que de verdad son mini, de poco más de 5 metros cuadrados, pero como ya sabemos, el encanto no está en el tamaño sino en el charmLas habitaciones son sencillas pero la decoración de Ennismore Design Studio hace que no te sientas en un hotel, sino como si estuvieras en tu propio departamento. Hay objetos como piezas de cerámica de artistas locales o ropa de cama de la diseñadora de Brooklyn como Dusen Dusen, y en cada cuarto hay una selección de libros basada en los gustos de quien se está hospedando. En el mío estaba I actually wore this, y me encantó.
Los detalles en la decoración están muy bien cuidados.
Otros detalles también hacen la diferencia, como la guía de supervivencia con tips de cosas que hacer en la zona y las tazas de cerámica para el café o el té. O el desayuno ligero que todas las mañanas te dejan colgado en tu puerta en una bolsita de papel, con una porción de homemade avena, un jugo de naranja y un plátano.
La ventana va del piso al techo, con vistas espectaculares a Manhattan.
Estas cosas pequeñas lo hacen ser un hotel de lujo, pero no uno desmedido: aquí no hay una tina enorme, ni un clóset gigante; más bien está en una ventana que va del piso al techo, con una vista despejada a Manhattan. Me quedé en el piso 8 y les juro que el amanecer y el atardecer se veían espectaculares. Después de escribir y acordarme de todo esto, creo que ahora tengo depresión postviaje 🙁
El restaurante Summerly está en el roof top del hotel.
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