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Mariah Carey contagia su espíritu navideño y nos cuenta su plan para esta época

La cantante representa a la época más esperada del año.
lun 14 diciembre 2020 06:19 PM
Cortesía

Todo comienza con unas notas nostálgicas gracias al sonido de las típicas campanillas navideñas, seguidas de una introducción vocal a capela. I don’t want a lot for Christmas. There is just one thing I need (No quiero muchas cosas para esta Navidad. Solo hay una que necesite). Entonces, sin previo aviso, ese deseo se transforma en un festival de sonidos navideños, en una descarga de dopamina que se mezcla con el repiqueteo de los cascabeles del trineo de Santa Claus. Es como recibir una lluvia de regalos, esos con los que siempre soñaste. Como volver a ver a tus seres queridos. Todo ello, mientras caen los copos de nieve al fondo.

Da igual las veces que hayas escuchado el clásico de Mariah Carey. Es una canción, el equivalente en clave dance de un villancico, que te atrapa enseguida. Su popularidad hace que todos los años, cuando finaliza el otoño, comience su ascenso en Google Trends, cual trineo de Papá Noel. Este año, incluso sonó en una celebración improvisada de los partidarios de Biden tras su victoria electoral.

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Los maestros de ceremonia fueron Demi Adejuyigbe y Addie Weyrich. La propia Carey retuiteó el video: los jóvenes actores, apenas con la edad suficiente como para recordar el lanzamiento del éxito en 1994, aparecen subidos en el techo de un coche en una gasolinera de Los Ángeles. Cualquier otro clásico navideño que se hubiera utilizado como banda sonora para la victoria electoral no habría tenido el mismo efecto. Este parecía el más apropiado.

Cortesía ELLE

“Fue genial formar parte de toda esa alegría, fue una verdadera sorpresa”, comenta Carey. “Ha sido un año muy duro y creo que la gente necesita celebrar algo. Todo el rato estamos diciendo: 'No podemos estar juntos; no podemos reunirnos para celebrar algo. Esto se ha cancelado; aquello otro también'.

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Si a la Navidad tuviéramos que ponerle nombre de personaje famoso, seguramente elegiríamos el de Mariah Carey. Aunque haya tenido que suspender muchos eventos, algo a lo que no está dispuesta a renunciar es a su espíritu navideño. Los estadounidenses consideran que Carey es la persona idónea para dar el pistoletazo de salida a la temporada navideña. (El 1 de noviembre del año pasado, subió un video en el que anunciaba "¡Ha llegado el momento!", evidentemente, después de recibir el visto bueno de Santa Claus). Pero las circunstancias especiales que ha impuesto la pandemia por COVID-19 han hecho que los límites de cada época del año se hayan desdibujado un poco, y que, en respuesta a la sensación de incertidumbre que trajo consigo la pandemia, en marzo algunos volvieran a adornar sus casas con luces y motivos navideños.

Si bien Carey suele seguir unas reglas muy estrictas a la hora de decidir cuándo comienza la Navidad, esta vez ha hecho una excepción. “No me gusta empezar a celebrar las Navidades demasiado pronto. Siempre estoy diciendo: 'No podemos hacerlo todavía; han comenzado demasiado pronto'. Sin embargo, este año tengo que aceptarlo”, comenta.

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2020 ha sido, sin duda, un año duro, pero para Mariah ha sido uno de los más significativos a nivel profesional. A pesar de su conocida reticencia a reconocer el paso del tiempo, ha celebrado los 30 años del álbum de su debut con una serie de lanzamientos semanales, que forman parte del evento "MC30”, con temas pocos conocidos, remezclas y actuaciones en directo que serán muy del agrado de sus fans. También ha publicado un libro de memorias, The Meaning of Mariah Carey, que rápidamente se ha convertido en superventas (dice que está en conversaciones para llevar una versión a las pantallas), así como un doble álbum con material inédito y sus temas favoritos, titulado Rarities.

Y desde febrero, está preparando un especial de Navidad, Magical Christmas, un espectáculo de variedades a la antigua usanza, que se emitirá el 4 de diciembre en Apple TV + y que irá acompañado de una banda sonora que se lanzará en Apple Music el mismo día y en los demás servicios de streaming el día 11. El programa promete regalos navideños como una nueva versión de "Oh Santa" con Ariana Grande y Jennifer Hudson , Misty Copeland bailando la Danza del Hada de Azúcar, una pieza de El Cascanueces, versiones “instrumentales” de temas de la propia Mariah; además de las actuaciones, entre otros, de Snoop Dogg, Billy Eichner, Tiffany Haddish y de los hijos mellizos de Carey, Moroccan y Monroe

“Cuando estoy triste, busco fotos de bebés sonriendo y entonces yo también empiezo a reír”, me cuenta Haddish por teléfono unos días después de haber charlado con Carey. La misma receta se ha aplicado al plató de Magical Christmas. “Enseguida, empecé a notar el ambiente de alegría que se respiraba”, dice Haddish. “Es posible que no podamos reunirnos con la familia en Navidad, pero poder ver un especial navideño que nos recuerde lo alegre, lo bonito que es estar juntos, podría ser igual de bueno. Cuando miraba a Mariah, me entraban ganas de tener una copa de cava en la mano".

Un arte único propio de estos momentos, como en el pasado lo fueron los ferrotipos o las pinturas sobre una pieza de marfil, es averiguar cómo es alguien basándonos únicamente en lo que parece en la pantalla de Zoom. Ahora que la mayor parte de nosotros nos vemos encerrados en rectángulos digitales, unos encima de otros, no nos queda más remedio que elucubrar: nos sentimos identificados con el actor X porque aparece sentado en un sofá lleno de cosas; damos por hecho que la modelo Y debe ser toda una intelectual porque vemos que tiene el último premio Pulitzer entre los libros de su estantería. Hay tan pocas cosas que se puedan analizar viendo lo que aparece tras una cámara web, que llegar a alguna conclusión se ha convertido en algo parecido a interpretar un test de Rorschach.

Sin embargo, Mariah Carey te ofrece toda la información que necesitas dentro de los límites del rectángulo de Zoom. Como corresponde a una mujer obsesionada con los "momentos", asisto a uno de ellos: una camiseta verde de manga corta con capucha propia de cualquier elfo, si no fuera por el generoso detalle cut-out. Me brinda uno de esos momentos informales en el sofá, con el hocico de su perro apareciendo de vez en cuando en pantalla. Y, al mismo tiempo, se trata de un momento hollywoodiense, con sus brazaletes y sus anillos de diamantes que brillan incluso a través de una cámara web. Tiene detalles para todo el mundo, como cuando me dice, antes de responder a una pregunta, “Déjame ser más global. Deja que me ponga este sombrero”, mientras hace un gesto típico de Bob Fosse con él. La habitación en la que se sienta está llena de cojines y decorada en suaves tonos de verde turquesa. Es más de medianoche cuando hablo con ella, pero en su caso todavía es temprano, si tenemos en cuenta su fama de animal nocturno. Puede que no haya un árbol de Navidad a la vista, pero todo lo que veo desprende un toque navideño.

Carey me explica su forma de entender las Navidades. Si bien muchas personas a las que les encanta esta época del año se centran en rememorar momentos del pasado, Carey dice que lo que ella intenta es “corregir” las Navidades que vivió cuando era niña. “Creo que es como esas ganas que tenía cuando era niña de que todo fuera perfecto durante estos días… pero nunca era así”, dice. “Siempre había alguien que estropeaba el momento, siempre había algún miembro de la familia con ganas de tirar todo por la borda. Así que me prometí a mí misma que eso no volvería a ocurrir". Por eso trata de construir nuevos recuerdos. “Después de superar la ruptura de mi primer matrimonio...” (recordemos, Tommy Mottola, de quien dice que la mantenía vigilada en todo momento en su mansión de Westchester. De hecho, Carey terminó llamando a la casa Sing Sing, como la famosa cárcel) “...me propuse tener las Navidades que siempre había deseado".

No es de extrañar que las haya convertido en una brillante bola de nieve repleta de fantasías infantiles. Me explica cómo es el lugar donde suele pasar estas fiestas: “Me gusta ir a sitios en los que nieve y haya renos”, añadiendo, como si fuera a acusarla de estar inventándoselo: “Hablo en serio, Santa Claus viene para pasar estos días con los niños. Y, aunque no tuviera hijos, haría lo mismo” (los hijos de Mariah son de su matrimonio con Nick Cannon, que acabó en 2016; ambos son unos padres muy comprometidos). Carey, quien se define como una “eterna niña de 12 años” ha decidido hacer suyo el optimismo que caracteriza a los más pequeños. Hay muchas razones para pensar de esa forma, dice. “Me sucedieron muchas cosas malas cuando tenía 12 años. Pero por encima de esas cosas, está el espíritu luchador de esa niña que no se rinde, que acepta quién es, aunque el mundo no comparta mi punto de vista". Piensa en la Navidad como "quizás la única vez en que puedo darme un segundo para respirar".

En sus memorias, publicadas a comienzos de otoño, profundiza en cómo fue crecer sin, como ella misma dice, "nadie de tu lado". En resumen: sus padres se separaron cuando era pequeña. El dinero escaseaba. Se mudaba de casa constantemente. Los compañeros de clase eran crueles. Como hija de padres de distinta raza, a menudo tenía la sensación de no pertenecer a ninguna parte, ni siquiera a alguna de sus dos familias. "Es muy difícil de explicar a la gente que no ha tenido nunca esa sensación", dice. "Tener un aspecto ambiguo afectó a la forma en que los demás me veían o me juzgaban, todo depende del grupo social en el que crezcas". Entre las anécdotas más desgarradoras se encuentra una en la que las chicas más populares de su colegio la invitaron a una fiesta de pijamas y la encerraron en una habitación mientras la insultaban llamándola negra (nigger). A veces, los ataques eran más sutiles. “Siempre me preguntaban '¿Qué eres?' en vez de '¿Quién eres? ¿Cómo puedo llegar a conocerte como persona?' En vez de eso me decían '¿Qué eres? Eres muy exótica. ¿De qué razas son tus padres?’ Todo depende de quién hace la pregunta y de cómo la hace". (Carey dice que ha hablado con sus hijos sobre racismo y acoso: "La mejor manera de protegerlos es asegurándote de que tienen información al respecto. No puedo evitar que ocurran ciertas cosas, pero al menos puedo intentar asegurarme de que estén al tanto de lo que sucede").

Dentro de una infancia que podría haber sido digna de una novela de Dickens, la música fue su "gran salvadora", dice. "Siempre fue algo que me hizo sentir valorada". Y aunque no pudo controlar todos los aspectos de su vida, uno que no quiso que se le escapara de las manos fue su música. En cierta ocasión, casi vende los derechos de una de sus canciones por 5.000 dólares, "en aquel momento me parecieron un trillón de dólares". Pero después de haber visto un documental sobre los Beatles, se prometió a sí misma que conservaría los derechos de sus canciones pasara lo que pasara, al darse cuenta de que “tengo que proteger mis letras, porque siempre hay alguien que intenta quitártelas".

Carey demostró una vez más su firmeza cuando la industria musical intentó etiquetarla. Una vez más, la misma sensación de no encajar en ninguna parte hacía acto de presencia. Los directivos de su discográfica quedaron desconcertados por la mezcla de géneros que supusieron las colaboraciones de Jay-Z, Missy Elliott y Busta Rhymes en sus canciones. “No crecieron con el hip-hop. No lo entienden”, dice. Cuando lanzó el remix de "Fantasy", la discográfica no estaba de acuerdo con la colaboración de ODB. “La compañía no lo entendió. Me dijeron: '¿Qué es Wu-Tang? ¿Qué es eso?'”. El hip-hop no ha sido el único género en el que ha hecho sus pinitos.

En sus memorias, Carey también ha revelado que en 1995 participó en secreto en un proyecto llamado Chick. En él canalizó su angustia vital a través de letras muy del estilo de Courtney Love, una especie de grito desesperado dentro del movimiento feminista Riot Grrrl contra la creciente represión que sufría en su vida personal y profesional. Lo recuerda como una especie de válvula de escape ante éxitos como "One Sweet Day" y "Always Be My Baby". “No estoy diciendo que no sean buenas canciones”, dice, “son impecables en términos de interpretación vocal. Pero después de las sesiones, cuando la morgue corporativa, como yo los llamo, había desaparecido, decía: 'Vamos a hacer esto'. La vida menos teatralizada de las estrellas de rock alternativo la atraía, porque “creo que, bueno, ellos pueden hacer lo que quieren. Pueden ponerse la ropa que quieren y decir lo que les da la gana".

Una de las cantantes con mayor rango vocal de la historia no podía identificarse en una canción con "un blister abierto", por citar solo un ejemplo de lo que decían las letras. “Ciertas personas de la morgue corporativa no parecían muy contentas, así que decidieron ignorarlas”, dice, aunque recuerda con cariño ir conduciendo por Westchester y otras partes del norte de Nueva York, mientras escuchaba el disco y cantaba a todo pulmón. (Un ejemplo de las letras de este disco alternativo: "No quiero ser tu felpudo/No quiero serlo/No quiero ser una muñeca hinchable") Aunque la voz principal en este álbum es la de su, por entonces compañera de habitación, Clarissa Dane, los acompañamientos son obra de Mariah. "Voy a tener que ir y mezclarlo con todas las cosas que tengo de aquella época", dice. Avisa que el remix probablemente tenga que llevar un sello de aviso parental: "Las canciones no son muy navideñas precisamente".

A diferencia de las típicas memorias de los famosos, que van de anécdota en anécdota como si nada, The meaning of Mariah Carey no se reduce a una lista de nombres famosos. Las personas y momentos que ha decidido incluir en su libro “han sido los que cambiaron mi vida. Esa es la causa de que no aparezcan otros nombres”, añade con intención, “puede que ni siquiera existieran”. Tampoco es una historia de la superación de una serie de desafíos, para renacer, por así decirlo, como un ave fénix. Se trata de algo más real, como vivir con un pasado con muchos fallos y ser capaz de plantar cara al presente (con la ayuda de terapia). Si bien el libro no profundiza en su diagnóstico de trastorno bipolar de 2001, sí se habla de las consecuencias de su aparición por sorpresa ese año en TRL, uno de los programas más vistos de la MTV y aclara: “No tuve una ‘crisis nerviosa’. Estaba destrozada por culpa de personas que se suponía que me tenían que ayudar a ser fuerte”. Me dice que ese recuerdo es la “historia de una superviviente”.

Uno de los episodios más impactantes narra el momento en que fue consciente de que tenía admiradores. Mientras grababa un especial de Acción de Gracias en Schenectady, preguntó en voz alta por qué había vallas cortando las calles. La respuesta fue: "Señorita Carey, es por usted". Lambily, su grupo de fans, se convertiría pronto en su otra familia. Empezó a mantener contacto con ellos a través de su página web y de mensajes de voz, mucho antes de que pudiéramos enviar un mensaje directo a nuestro cantante favorito. En el libro, Carey habla de forma muy positiva sobre las redes sociales: las ve como una forma de desmentir a los medios sensacionalistas, una forma en la que los fans pueden defenderla. Incluso ha abierto una cuenta en TikTok: sus hijos todavía no pueden hacerlo, pero ya cuenta con 4 millones de seguidores. (Y sí, ya ha visto el videoclip de una niña llorando inexplicablemente mientras bailaba "Obsessed", lo que le hizo que este single de hace casi 12 años volviese a las listas de éxitos). "Lo único que no me gusta de TikTok es que sólo puedes subir un fragmento de una canción”, dice. "Eso es lo que más me molesta como compositora, pero es una gran plataforma para que la gente, que de otra forma no hubiera conocido tu música, conecte contigo".

Ser famosa en 2020 es algo realmente extraño, ya que la situación ha cambiado de la noche a la mañana. Los excesos que han cometido esos “famosos” a los que veíamos en fiestas en islas privadas sin llevar mascarilla, mientras el resto del mundo estaba confinado, les ha hecho desconectar de su público. Carey es una de las pocas que parece estar llevando a cabo esa transición de forma acertada, gracias en parte, a que siempre ha sabido separar su vida privada de la profesional. En este proceso también ha tenido algo que ver una de sus cualidades más genuinas, la honestidad. Ella misma no parece estar muy segura de lo que significa ser famosa hoy en día, o de lo que se siente al serlo. "Si me preguntan lo que es una 'celebrity', no sabría cómo responder", dice, dudando por un momento. “Porque no me considero una celebrity. Soy una artista. Hago música. Tampoco soy de las que contesta: '¿Cómo te atreves a llamarme celebrity?'”. La razón por la que está aquí es la música, dice. “Me encantan las cosas con glamour e ir bien vestida y tengo la suerte de que eso forme parte de mi trabajo".

Haddish ha sido testigo de primera mano de lo centrada que está Carey en su faceta artística. Recuerda haber visto un ensayo de "All I Want for Christmas Is You" durante la grabación del especial navideño. Después de ocho o nueve tomas, los bailarines “estaban evidentemente cansados y, aun así, seguían dando lo mejor de ellos mismos. Y ella lo clavaba en cada toma. No se saltaba ninguna nota, no se equivocaba en ningún paso". Carey, como también descubrió Haddish, posee unas dotes cómicas innatas. "Chica, la primera canción que me aprendí fue una de Mariah Carey", me dice, antes de empezar a cantar su propia versión de "Vision of Love". "Tendría unos siete, ocho, nueve años y nadie podía decir que cantaba mal". La primera vez que habló con Carey por teléfono, Haddish le cantó algo. “Yo estaba pensando: ‘Vale, probablemente no te vaya a gustar esto, pero tengo que hacerlo', y ella se echó a reír: 'Chica, ¿por qué cantas como si fueras un gato?' ”Fue ahí cuando se dio cuenta de que Carey, a quien hasta entonces consideraba como alguien inaccesible, tenía un lado humano. "Oh, ella es como yo, tontorrona y divertida".

Billy Eichner la conoció después de que Carey comenzara a tuitear sobre lo mucho que le gustaba su programa Billy on the Street. Los dos entablaron una amistad que comenzó un día en que ella le cantó el tema principal por teléfono y que culminó el año pasado con su aparición en un programa especial de Navidad. Lleva muchos años siguiendo a Mariah: le dieron su primer beso con la canción “And You Don't Remember”, el segundo corte de su álbum Emotions. “Soy un Cordero desde hace mucho tiempo. Soy un Cordero desde mucho antes de que los fans de Mariah se llamaran a sí mismos Corderos”, dice. Aún así, recuerda la sorpresa que supuso para él saber "lo divertida que es" y lo parecidos que son sus sentidos del humor. Durante la grabación del especial, "no paraba de hacerle bromas para hacerla reír", recuerda. "Sabía que eran demasiado sarcásticas para que se emitieran todas, sabía que algunas serían eliminadas, pero de vez en cuando, soltaba una solo para hacerla reír y ella se doblaba de risa".

Detrás de esa sencillez desarmante de Carey, también encontramos franqueza: sobre cómo las cosas rara vez son tan perfectas como en un cuento de hadas, sobre lo dura que puede ser la vida. Esa dualidad puede que constituya el atractivo secreto de Carey en estos tiempos tan difíciles. Después de todo, la tristeza y la nostalgia también forman parte de la Navidad: piensa en todas esas canciones que tratan de la imposibilidad de despedirse de los seres queridos. “Si no te gusta la Navidad, no puedes escribir canciones que lleguen a la gente, que les hagan felices, que despierten su melancolía o lo que sea durante estas fiestas”, dice. “Vivo de Navidad a Navidad; me paso el año esperando a que lleguen estas fechas. Bueno, hay más cosas... pero para mí es la mejor época del año".

A pesar de todo lo ocurrido, está entusiasmada con las fiestas de este año, incluso aunque tenga que renunciar a algunas tradiciones. La noto un tanto melancólica cuando habla del árbol de Navidad del Rockefeller Center, escenario de algunas de sus actuaciones navideñas en el pasado. “Disfruto mucho de ese momento. Supongo que no podré hacerlo este año. Quizás pase en coche”, dice. “Espero que la gente se divierta cuando vea este especial y que, de alguna manera, les sirva de ayuda. Puede que les levante el ánimo, igual que hace una buena película o un villancico. Ese es el objetivo". Al final del día, solo quiere dar a la gente algo de lo que esperan, porque ella misma quiere algo también: "Si no esperas algo, es desolador". Pero como era de esperar en una amante de la Navidad que canta sobre el amor perfecto, Mariah Carey cree en los milagros y estos abundan en su Magical Christmas Special. “Llegué con el espíritu de 'Hagámoslo lo más divertido posible sin importar el cómo'”, explica Carey. "Si te comprometes a hacer algo con esa mentalidad, sin duda, conseguirás tu objetivo".

Fotos: Ruven Afanador. Estilismo: Diandre Tristan. Peluquería: Dior Sovoa. Maquillaje: Kristofer Buckle para Crosby Carter Management. Manicura: Barbara Warner para The GelBottle. Decorados: Fi Campbell de Stillsets. Producción: Tricia Sherman y Steve Bauerfeind de Bauie Productions.

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